Son materias compatibles, y por tanto no debe de extrañar que siendo cierto el caos político actual impulsado por el conglomerado social-nacionalista, sin embargo su línea directriz de actuación sea de una simplicidad meridiana. Este hecho, en cuanto permite prever los movimientos políticos inmediatos, facilitaría enormemente, si se aprovechase más, la tarea de la oposición
Un caso de más que fácil previsión era la carrerica que las distintas autonomías o, para ser exactos, buena parte de sus preclaros dirigentes políticos iban a emprender tras la estela del extravagante estatuto catalán gloriosamente aprobado por menos del 35% de la población consultada. ¿Se imaginan el resultado si el Gobierno – falaz como habitúa– no hubiera impedido la consulta al conjunto de los españoles que es la única población concernida y con poder de decisión?.
Para este tipo de políticos – voluntariosos como pocos, inasequibles al desaliento e incapaces de reflexión autocrítica y de sabia rectificación – esta aprobación es de temer que les sirva de acelerador de los procesos a veces ya emprendidos, en lugar de ser motivo de preocupación y cuidadosa atención.
Porque efectivamente – además del permanente incordio vasco - Andalucía, Galicia y alguna que otra autonomía más aunque con menos publicidad de momento, arrancaron sin esperar mayores averiguaciones hacia su diáfano objetivo de su propia “realidad nacional”.
Ya que las cosas están así, bueno será que – sin agotar el tema – vayamos pensando a que puede conducir esta carrera de alcance y emulación del Estatuto catalán que se convierte de este modo en una especie de liebre autonómica.
La primera cuestión a considerar es, sin duda alguna, la calidad del modelo en si mismo. Y para evaluarla convendrá – evitando casuísticas por rimbombantes que parezcan – atenerse a los rasgos definitorios fundamentales:
· lógica formal
· fundamento y perspectivas históricas
· idoneidad técnica
* No resulta fácil comprender cual pueda ser la lógica formal, la razón que inspira y anima la revisión del estatus autonómico de Cataluña que ha conducido al texto actual. Esta dificultad de comprensión es tan cierta y objetiva que alcanza como hoy sabemos a más del 65% de la población regional.
La única razón que se me alcanza ( y si hay otras agradeceré que se nos muestren por si hay que rectificar) sería – tratándose de un Estatuto de Autonomía – la necesidad intrínseca de alcanzar los márgenes de decisión político-administrativa suficientes que permitiesen optimizar el gobierno del territorio. Cotas, en todo caso, de poder delegado que necesariamente tendrían que inscribirse en el hecho incontrovertible y previo de la pertenencia de Cataluña a un ámbito de decisión superior - España – de la que es parte constituyente.
No van por ahí las cosas. En primer lugar porque – descontando acomodos técnicos – el Estatuto hasta ahora vigente satisface ampliamente ese supuesto de necesidad. Esto es más claro que el agua.
Por otra parte el contenido de la nueva normativa estatutaria (literal e intencionalmente) desvela muy claramente que los objetivos sustanciales son otros, tales como la diferenciación discriminatoria del resto de los territorios, españoles, la sublimación del localismo , la agresión a lo nacional, el trato paritario y – para facilitar el manejo – la grave limitación de derechos y libertades sociales fundamentales.
Si esto es así, y ojalá no lo fuera , se hace efectivamente difícil pensar que se pueda llegar a encontrar, como nos hubiera gustado, esa lógica formal que fuera el soporte justificativo de la que hubiera podido suponerse operación necesaria. Pero lo que leemos está bastante alejado no solo de lo necesario sino incluso de lo admisible. Es simplemente impresentable desde la perspectiva de la España total, sea plural o no lo sea.
Descubrimos así que la lógica interna que conduce mediante el desarrollo del estatuto a su resultado final no corresponde a un objetivo de gobernación del territorio formando parte integrada de España-nación, sino que - muy al contrario - el objetivo es la secesión de Cataluña como territorio independiente y soberano. Y esto es lo que fundamentalmente se persigue. Aunque sea a plazos, que por cierto serían pocos, cortos y onerosos si se llegase a cumplir la desiderata nacional-socialista.
En este momento, llegados a la situación en que nos encontramos y aún siendo una discusión de cierto atractivo intelectual, poco importa que el aseguramiento de un soñado poder soberano conduzca a la necesidad de crear una nación de la nada, como que partiendo de una nación supuestamente existente “a priori” se desarrollen los poderes que en ella se contendrían. Parece claro sin embargo que nos encontramos en este segundo supuesto en cuanto – aunque sea por la poco elegante vía del toma y daca – se define a Cataluña como nación en el preámbulo del texto.
Pues bien, este “a priori” es radicalmente falso y además todo el mundo lo sabe ( incluidos, estoy seguro, los nacionalistas). Lo que significa que el punto de partida se basa en la mentira.
* Sea como sea, la preocupación por este mágico y deslumbrante descubrimiento “nacional” nos lleva a considerar que interpretación, o mejor que consideración, se puede dar al Estatuto desde el punto de vista histórico.
El Estatuto catalán, es un caso impresionante de deslocalización histórica. Y lo es tanto desde el pasado como hacia el futuro. El tramo pasado está adobado además por la falacia, la tergiversación, y la inelegante monomanía nacionalista de apropiarse de lo ajeno. En cuanto a su visión de futuro está tarada por la miopía.
Cataluña no ha sido nunca una nación; en sus estadios políticos evolutivos fue parte de la Corona de Aragón ( de la que por cierto quiso separarse para unirse a Castilla en tiempos de Fernando el Católico) que tampoco y ni siquiera ésta lo fue como tal hasta que unida a Castilla se terminó de reconstruir Hispania. La España moderna y la primera nación de Europa[1]. Porque España – como parecen creer algunos socialistas – no empieza en el siglo XIX.
Pero si la idea de una nación histórica es simplemente falsa, su creación a futuro es ucrónica , imposible y como ya hemos visto innecesaria.
Alguien en sus cabales, ¿osaría decir que la aparición de una nación tipo estatuto- sea de Cataluña o de las autonomías que participen en la carrera – responde al signo de los tiempos?. Pero, ¡ qué nos están contando!.
Semejante despropósito, ¿es congruente con la línea directriz de la evolución político social de las diferentes comunidades humanas?. No es una conquista de progreso, por el contrario se trata de una patética involución regresiva en la marcha adelante de la humanidad, que socialmente va desde el individuo hasta la globalización pasando por muy variados tipos de comunidades intermedias siempre de integración creciente
Pero hay mucho más todavía. La sociedad del conocimiento y de la comunicación no permite trocear o desagregar ningún tipo de ámbitos de decisión, incluidos los que incumben a la soberanía nacional . Al contrario, se trata de integrar los existentes en niveles superiores.
Y sobre todo, se hace inviable guardar los valores básicos universales (los derechos individuales, la no discriminación, etc,etc,), en definitiva la libertad personal por la vía del nacionalismo identitario.
Finalmente es imposible porque sería el primer caso en la historia en que un territorio se desgajase sin un pronunciamiento – del tipo que fuere – de la nación entera. Y que no quepa duda que de alguna manera se hará. Algo, digo yo, tendrá que decir o hacer España antes de que se consume la secesión.
Se puede afirmar con total seguridad que el objetivo perseguido por el Estatuto catalán es un auténtico desatino histórico.
* Como parte del mal ya está hecho, es necesario seguir analizando el texto desde el punto de vista de su idoneidad técnica, es decir de su eficacia operativa. Varias cuestiones suscitan especial preocupación.
En primer lugar como consecuencia de un arranque en falso, su filosofía deriva obsesivamente a sentar criterios y disposiciones que – cayendo de forma reiterativa en la petición de principio – tratan de justificarlo (el arranque-nación) a posteriori. Y de ahí el despropósito (paridad Cataluña-España), la discriminación (catalanes – no catalanes, idioma), y al final totalitarismo (imposición de modelos , normas coercitivas ).
Es preciso reparar también, porque no es asunto menor, en su longitud ( 227 artículos) como muestra evidente de su minuciosidad casuística. Cualquiera que tenga un mínimo conocimiento o experiencia en tareas de dirección sabe que con un texto de estas características no se puede gobernar. No es formato ni de reglamento de tercer o cuarto nivel. Solo desde la ignorancia o, lo que es peor, del pretexto para la arbitrariedad se puede concebir semejante bodrio.
Y que decir de las economías de escala en el quehacer económico y cohesión social. ¿Se imaginan la estructura operativa de la U.E, por poner un ejemplo, si todas las regiones de la importancia - modesta, por cierto - de Cataluña se constituyen en naciones?.¿Recordamos que España entera es menor que California?. ¿Apreciamos que Alemania, otro ejemplo, está revisando a la baja las competencias de sus tradicionales länder?. ¿Han oído hablar de “minipaises” como USA, Rusia, China, India, Brasil..?
Consecuencias muy desfavorables se producirán – ya se están produciendo – en las oportunidades individuales, el tratamiento familiar, la unidad nacional de mercado, etc.etc. Espero que pronto podamos tener estudios serios sobre el coste – económico, social y moral – de la no-España.
Por todo eso, hay que decir con toda sinceridad y claridad que solo desde el cerrilismo nacionalista o desde el desorden conceptual del actual gobierno se puede pensar que soluciones a la catalana pueden ser viables en el mundo actual.
Por eso también sería de agradecer que los nacionalistas (todos) nos aliviasen de una vez de la congoja de tener que soportar la continua pesadez de sus singularidades, lamentos, remilgos y ensoñaciones. La sociedad ahorraría tiempo y energías en debates estérilmente anacrónicos, y se reducirían las oportunidades de enseñar a los discentes de los distintos territorios una historia tergiversada y engañosa.(Cosa que inevitablemente nos está ya complicando la vida)
La conclusión sobre el Estatuto a que necesariamente se llega es que se trata de un modelo políticamente perverso, porque:
-- conduce a la desmembración de España, rompiendo inevitablemente la constitución vigente
-- es inviable desde y para la historia, salvo mantenimiento artificial a cargo de costes formidables en todos los campos (económico, político, social )
-- es prácticamente inmanejable como pauta de gobernación, es sobre todo un protocolo para el voluntarismo y la arbitrariedad
El Estatuto de Cataluña – sobre el que todavía mantengo la esperanza de que no entre en vigor – es mas bien el antimodelo.
Si se me permite voy a terminar con un pequeño estrambote: a los políticos que participen en la carrera (el pueblo ya se ve que no participa) se les podría decir lo que aquel mendigo que se desvaneció, por llevar una semana sin comer, le espetó – abriendo un ojo – al estudiante de medicina que le diagnosticaba indigestión “... buena carrerica llevas maño....”.
Ciudadano – 15 de Julio de 2006
El estatuto , la carrerica ... y la liebre
Son materias compatibles, y por tanto no debe de extrañar que siendo cierto el caos político actual impulsado por el conglomerado social-nacionalista, sin embargo su línea directriz de actuación sea de una simplicidad meridiana. Este hecho, en cuanto permite prever los movimientos políticos inmediatos, facilitaría enormemente, si se aprovechase más, la tarea de la oposición
Un caso de más que fácil previsión era la carrerica que las distintas autonomías o, para ser exactos, buena parte de sus preclaros dirigentes políticos iban a emprender tras la estela del extravagante estatuto catalán gloriosamente aprobado por menos del 35% de la población consultada. ¿Se imaginan el resultado si el Gobierno – falaz como habitúa– no hubiera impedido la consulta al conjunto de los españoles que es la única población concernida y con poder de decisión?.
Para este tipo de políticos – voluntariosos como pocos, inasequibles al desaliento e incapaces de reflexión autocrítica y de sabia rectificación – esta aprobación es de temer que les sirva de acelerador de los procesos a veces ya emprendidos, en lugar de ser motivo de preocupación y cuidadosa atención.
Porque efectivamente – además del permanente incordio vasco - Andalucía, Galicia y alguna que otra autonomía más aunque con menos publicidad de momento, arrancaron sin esperar mayores averiguaciones hacia su diáfano objetivo de su propia “realidad nacional”.
Ya que las cosas están así, bueno será que – sin agotar el tema – vayamos pensando a que puede conducir esta carrera de alcance y emulación del Estatuto catalán que se convierte de este modo en una especie de liebre autonómica.
La primera cuestión a considerar es, sin duda alguna, la calidad del modelo en si mismo. Y para evaluarla convendrá – evitando casuísticas por rimbombantes que parezcan – atenerse a los rasgos definitorios fundamentales:
· lógica formal
· fundamento y perspectivas históricas
· idoneidad técnica
* No resulta fácil comprender cual pueda ser la lógica formal, la razón que inspira y anima la revisión del estatus autonómico de Cataluña que ha conducido al texto actual. Esta dificultad de comprensión es tan cierta y objetiva que alcanza como hoy sabemos a más del 65% de la población regional.
La única razón que se me alcanza ( y si hay otras agradeceré que se nos muestren por si hay que rectificar) sería – tratándose de un Estatuto de Autonomía – la necesidad intrínseca de alcanzar los márgenes de decisión político-administrativa suficientes que permitiesen optimizar el gobierno del territorio. Cotas, en todo caso, de poder delegado que necesariamente tendrían que inscribirse en el hecho incontrovertible y previo de la pertenencia de Cataluña a un ámbito de decisión superior - España – de la que es parte constituyente.
No van por ahí las cosas. En primer lugar porque – descontando acomodos técnicos – el Estatuto hasta ahora vigente satisface ampliamente ese supuesto de necesidad. Esto es más claro que el agua.
Por otra parte el contenido de la nueva normativa estatutaria (literal e intencionalmente) desvela muy claramente que los objetivos sustanciales son otros, tales como la diferenciación discriminatoria del resto de los territorios, españoles, la sublimación del localismo , la agresión a lo nacional, el trato paritario y – para facilitar el manejo – la grave limitación de derechos y libertades sociales fundamentales.
Si esto es así, y ojalá no lo fuera , se hace efectivamente difícil pensar que se pueda llegar a encontrar, como nos hubiera gustado, esa lógica formal que fuera el soporte justificativo de la que hubiera podido suponerse operación necesaria. Pero lo que leemos está bastante alejado no solo de lo necesario sino incluso de lo admisible. Es simplemente impresentable desde la perspectiva de la España total, sea plural o no lo sea.
Descubrimos así que la lógica interna que conduce mediante el desarrollo del estatuto a su resultado final no corresponde a un objetivo de gobernación del territorio formando parte integrada de España-nación, sino que - muy al contrario - el objetivo es la secesión de Cataluña como territorio independiente y soberano. Y esto es lo que fundamentalmente se persigue. Aunque sea a plazos, que por cierto serían pocos, cortos y onerosos si se llegase a cumplir la desiderata nacional-socialista.
En este momento, llegados a la situación en que nos encontramos y aún siendo una discusión de cierto atractivo intelectual, poco importa que el aseguramiento de un soñado poder soberano conduzca a la necesidad de crear una nación de la nada, como que partiendo de una nación supuestamente existente “a priori” se desarrollen los poderes que en ella se contendrían. Parece claro sin embargo que nos encontramos en este segundo supuesto en cuanto – aunque sea por la poco elegante vía del toma y daca – se define a Cataluña como nación en el preámbulo del texto.
Pues bien, este “a priori” es radicalmente falso y además todo el mundo lo sabe ( incluidos, estoy seguro, los nacionalistas). Lo que significa que el punto de partida se basa en la mentira.
* Sea como sea, la preocupación por este mágico y deslumbrante descubrimiento “nacional” nos lleva a considerar que interpretación, o mejor que consideración, se puede dar al Estatuto desde el punto de vista histórico.
El Estatuto catalán, es un caso impresionante de deslocalización histórica. Y lo es tanto desde el pasado como hacia el futuro. El tramo pasado está adobado además por la falacia, la tergiversación, y la inelegante monomanía nacionalista de apropiarse de lo ajeno. En cuanto a su visión de futuro está tarada por la miopía.
Cataluña no ha sido nunca una nación; en sus estadios políticos evolutivos fue parte de la Corona de Aragón ( de la que por cierto quiso separarse para unirse a Castilla en tiempos de Fernando el Católico) que tampoco y ni siquiera ésta lo fue como tal hasta que unida a Castilla se terminó de reconstruir Hispania. La España moderna y la primera nación de Europa[1]. Porque España – como parecen creer algunos socialistas – no empieza en el siglo XIX.
Pero si la idea de una nación histórica es simplemente falsa, su creación a futuro es ucrónica , imposible y como ya hemos visto innecesaria.
Alguien en sus cabales, ¿osaría decir que la aparición de una nación tipo estatuto- sea de Cataluña o de las autonomías que participen en la carrera – responde al signo de los tiempos?. Pero, ¡ qué nos están contando!.
Semejante despropósito, ¿es congruente con la línea directriz de la evolución político social de las diferentes comunidades humanas?. No es una conquista de progreso, por el contrario se trata de una patética involución regresiva en la marcha adelante de la humanidad, que socialmente va desde el individuo hasta la globalización pasando por muy variados tipos de comunidades intermedias siempre de integración creciente
Pero hay mucho más todavía. La sociedad del conocimiento y de la comunicación no permite trocear o desagregar ningún tipo de ámbitos de decisión, incluidos los que incumben a la soberanía nacional . Al contrario, se trata de integrar los existentes en niveles superiores.
Y sobre todo, se hace inviable guardar los valores básicos universales (los derechos individuales, la no discriminación, etc,etc,), en definitiva la libertad personal por la vía del nacionalismo identitario.
Finalmente es imposible porque sería el primer caso en la historia en que un territorio se desgajase sin un pronunciamiento – del tipo que fuere – de la nación entera. Y que no quepa duda que de alguna manera se hará. Algo, digo yo, tendrá que decir o hacer España antes de que se consume la secesión.
Se puede afirmar con total seguridad que el objetivo perseguido por el Estatuto catalán es un auténtico desatino histórico.
* Como parte del mal ya está hecho, es necesario seguir analizando el texto desde el punto de vista de su idoneidad técnica, es decir de su eficacia operativa. Varias cuestiones suscitan especial preocupación.
En primer lugar como consecuencia de un arranque en falso, su filosofía deriva obsesivamente a sentar criterios y disposiciones que – cayendo de forma reiterativa en la petición de principio – tratan de justificarlo (el arranque-nación) a posteriori. Y de ahí el despropósito (paridad Cataluña-España), la discriminación (catalanes – no catalanes, idioma), y al final totalitarismo (imposición de modelos , normas coercitivas ).
Es preciso reparar también, porque no es asunto menor, en su longitud ( 227 artículos) como muestra evidente de su minuciosidad casuística. Cualquiera que tenga un mínimo conocimiento o experiencia en tareas de dirección sabe que con un texto de estas características no se puede gobernar. No es formato ni de reglamento de tercer o cuarto nivel. Solo desde la ignorancia o, lo que es peor, del pretexto para la arbitrariedad se puede concebir semejante bodrio.
Y que decir de las economías de escala en el quehacer económico y cohesión social. ¿Se imaginan la estructura operativa de la U.E, por poner un ejemplo, si todas las regiones de la importancia - modesta, por cierto - de Cataluña se constituyen en naciones?.¿Recordamos que España entera es menor que California?. ¿Apreciamos que Alemania, otro ejemplo, está revisando a la baja las competencias de sus tradicionales länder?. ¿Han oído hablar de “minipaises” como USA, Rusia, China, India, Brasil..?
Consecuencias muy desfavorables se producirán – ya se están produciendo – en las oportunidades individuales, el tratamiento familiar, la unidad nacional de mercado, etc.etc. Espero que pronto podamos tener estudios serios sobre el coste – económico, social y moral – de la no-España.
Por todo eso, hay que decir con toda sinceridad y claridad que solo desde el cerrilismo nacionalista o desde el desorden conceptual del actual gobierno se puede pensar que soluciones a la catalana pueden ser viables en el mundo actual.
Por eso también sería de agradecer que los nacionalistas (todos) nos aliviasen de una vez de la congoja de tener que soportar la continua pesadez de sus singularidades, lamentos, remilgos y ensoñaciones. La sociedad ahorraría tiempo y energías en debates estérilmente anacrónicos, y se reducirían las oportunidades de enseñar a los discentes de los distintos territorios una historia tergiversada y engañosa.(Cosa que inevitablemente nos está ya complicando la vida)
La conclusión sobre el Estatuto a que necesariamente se llega es que se trata de un modelo políticamente perverso, porque:
n conduce a la desmembración de España, rompiendo inevitablemente la constitución vigente
n es inviable desde y para la historia, salvo mantenimiento artificial a cargo de costes formidables en todos los campos (económico, político, social )
n es prácticamente inmanejable como pauta de gobernación, es sobre todo un protocolo para el voluntarismo y la arbitrariedad
El Estatuto de Cataluña – sobre el que todavía mantengo la esperanza de que no entre en vigor – es mas bien el antimodelo.
Si se me permite voy a terminar con un pequeño estrambote: a los políticos que participen en la carrera (el pueblo ya se ve que no participa) se les podría decir lo que aquel mendigo que se desvaneció, por llevar una semana sin comer, le espetó – abriendo un ojo – al estudiante de medicina que le diagnosticaba indigestión “... buena carrerica llevas maño....”.
Ciudadano – 15 de Julio de 2006
[1]Un ejemplo entre millones. Releyendo Tirant lo Blanc (escrito en valenciano - 1433) encuentro referencias a reinos españoles, y siempre aparecen – y por este orden – Aragón, Castilla y Navarra.
