7.15.2006

El estatuto , la carrerica ... y la liebre

Son materias compatibles, y por tanto no debe de extrañar que siendo cierto el caos político actual impulsado por el conglomerado social-nacionalista, sin embargo su línea directriz de actuación sea de una simplicidad meridiana. Este hecho, en cuanto permite prever los movimientos políticos inmediatos, facilitaría enormemente, si se aprovechase más, la tarea de la oposición

Un caso de más que fácil previsión era la carrerica que las distintas autonomías o, para ser exactos, buena parte de sus preclaros dirigentes políticos iban a emprender tras la estela del extravagante estatuto catalán gloriosamente aprobado por menos del 35% de la población consultada. ¿Se imaginan el resultado si el Gobierno – falaz como habitúa– no hubiera impedido la consulta al conjunto de los españoles que es la única población concernida y con poder de decisión?.

Para este tipo de políticos – voluntariosos como pocos, inasequibles al desaliento e incapaces de reflexión autocrítica y de sabia rectificación – esta aprobación es de temer que les sirva de acelerador de los procesos a veces ya emprendidos, en lugar de ser motivo de preocupación y cuidadosa atención.

Porque efectivamente – además del permanente incordio vasco - Andalucía, Galicia y alguna que otra autonomía más aunque con menos publicidad de momento, arrancaron sin esperar mayores averiguaciones hacia su diáfano objetivo de su propia “realidad nacional”.

Ya que las cosas están así, bueno será que – sin agotar el tema – vayamos pensando a que puede conducir esta carrera de alcance y emulación del Estatuto catalán que se convierte de este modo en una especie de liebre autonómica.

La primera cuestión a considerar es, sin duda alguna, la calidad del modelo en si mismo. Y para evaluarla convendrá – evitando casuísticas por rimbombantes que parezcan – atenerse a los rasgos definitorios fundamentales:
· lógica formal
· fundamento y perspectivas históricas
· idoneidad técnica

* No resulta fácil comprender cual pueda ser la lógica formal, la razón que inspira y anima la revisión del estatus autonómico de Cataluña que ha conducido al texto actual. Esta dificultad de comprensión es tan cierta y objetiva que alcanza como hoy sabemos a más del 65% de la población regional.

La única razón que se me alcanza ( y si hay otras agradeceré que se nos muestren por si hay que rectificar) sería – tratándose de un Estatuto de Autonomía – la necesidad intrínseca de alcanzar los márgenes de decisión político-administrativa suficientes que permitiesen optimizar el gobierno del territorio. Cotas, en todo caso, de poder delegado que necesariamente tendrían que inscribirse en el hecho incontrovertible y previo de la pertenencia de Cataluña a un ámbito de decisión superior - España – de la que es parte constituyente.

No van por ahí las cosas. En primer lugar porque – descontando acomodos técnicos – el Estatuto hasta ahora vigente satisface ampliamente ese supuesto de necesidad. Esto es más claro que el agua.

Por otra parte el contenido de la nueva normativa estatutaria (literal e intencionalmente) desvela muy claramente que los objetivos sustanciales son otros, tales como la diferenciación discriminatoria del resto de los territorios, españoles, la sublimación del localismo , la agresión a lo nacional, el trato paritario y – para facilitar el manejo – la grave limitación de derechos y libertades sociales fundamentales.

Si esto es así, y ojalá no lo fuera , se hace efectivamente difícil pensar que se pueda llegar a encontrar, como nos hubiera gustado, esa lógica formal que fuera el soporte justificativo de la que hubiera podido suponerse operación necesaria. Pero lo que leemos está bastante alejado no solo de lo necesario sino incluso de lo admisible. Es simplemente impresentable desde la perspectiva de la España total, sea plural o no lo sea.

Descubrimos así que la lógica interna que conduce mediante el desarrollo del estatuto a su resultado final no corresponde a un objetivo de gobernación del territorio formando parte integrada de España-nación, sino que - muy al contrario - el objetivo es la secesión de Cataluña como territorio independiente y soberano. Y esto es lo que fundamentalmente se persigue. Aunque sea a plazos, que por cierto serían pocos, cortos y onerosos si se llegase a cumplir la desiderata nacional-socialista.

En este momento, llegados a la situación en que nos encontramos y aún siendo una discusión de cierto atractivo intelectual, poco importa que el aseguramiento de un soñado poder soberano conduzca a la necesidad de crear una nación de la nada, como que partiendo de una nación supuestamente existente “a priori” se desarrollen los poderes que en ella se contendrían. Parece claro sin embargo que nos encontramos en este segundo supuesto en cuanto – aunque sea por la poco elegante vía del toma y daca – se define a Cataluña como nación en el preámbulo del texto.

Pues bien, este “a priori” es radicalmente falso y además todo el mundo lo sabe ( incluidos, estoy seguro, los nacionalistas). Lo que significa que el punto de partida se basa en la mentira.

* Sea como sea, la preocupación por este mágico y deslumbrante descubrimiento “nacional” nos lleva a considerar que interpretación, o mejor que consideración, se puede dar al Estatuto desde el punto de vista histórico.

El Estatuto catalán, es un caso impresionante de deslocalización histórica. Y lo es tanto desde el pasado como hacia el futuro. El tramo pasado está adobado además por la falacia, la tergiversación, y la inelegante monomanía nacionalista de apropiarse de lo ajeno. En cuanto a su visión de futuro está tarada por la miopía.

Cataluña no ha sido nunca una nación; en sus estadios políticos evolutivos fue parte de la Corona de Aragón ( de la que por cierto quiso separarse para unirse a Castilla en tiempos de Fernando el Católico) que tampoco y ni siquiera ésta lo fue como tal hasta que unida a Castilla se terminó de reconstruir Hispania. La España moderna y la primera nación de Europa[1]. Porque España – como parecen creer algunos socialistas – no empieza en el siglo XIX.

Pero si la idea de una nación histórica es simplemente falsa, su creación a futuro es ucrónica , imposible y como ya hemos visto innecesaria.

Alguien en sus cabales, ¿osaría decir que la aparición de una nación tipo estatuto- sea de Cataluña o de las autonomías que participen en la carrera – responde al signo de los tiempos?. Pero, ¡ qué nos están contando!.

Semejante despropósito, ¿es congruente con la línea directriz de la evolución político social de las diferentes comunidades humanas?. No es una conquista de progreso, por el contrario se trata de una patética involución regresiva en la marcha adelante de la humanidad, que socialmente va desde el individuo hasta la globalización pasando por muy variados tipos de comunidades intermedias siempre de integración creciente

Pero hay mucho más todavía. La sociedad del conocimiento y de la comunicación no permite trocear o desagregar ningún tipo de ámbitos de decisión, incluidos los que incumben a la soberanía nacional . Al contrario, se trata de integrar los existentes en niveles superiores.

Y sobre todo, se hace inviable guardar los valores básicos universales (los derechos individuales, la no discriminación, etc,etc,), en definitiva la libertad personal por la vía del nacionalismo identitario.

Finalmente es imposible porque sería el primer caso en la historia en que un territorio se desgajase sin un pronunciamiento – del tipo que fuere – de la nación entera. Y que no quepa duda que de alguna manera se hará. Algo, digo yo, tendrá que decir o hacer España antes de que se consume la secesión.

Se puede afirmar con total seguridad que el objetivo perseguido por el Estatuto catalán es un auténtico desatino histórico.

* Como parte del mal ya está hecho, es necesario seguir analizando el texto desde el punto de vista de su idoneidad técnica, es decir de su eficacia operativa. Varias cuestiones suscitan especial preocupación.

En primer lugar como consecuencia de un arranque en falso, su filosofía deriva obsesivamente a sentar criterios y disposiciones que – cayendo de forma reiterativa en la petición de principio – tratan de justificarlo (el arranque-nación) a posteriori. Y de ahí el despropósito (paridad Cataluña-España), la discriminación (catalanes – no catalanes, idioma), y al final totalitarismo (imposición de modelos , normas coercitivas ).

Es preciso reparar también, porque no es asunto menor, en su longitud ( 227 artículos) como muestra evidente de su minuciosidad casuística. Cualquiera que tenga un mínimo conocimiento o experiencia en tareas de dirección sabe que con un texto de estas características no se puede gobernar. No es formato ni de reglamento de tercer o cuarto nivel. Solo desde la ignorancia o, lo que es peor, del pretexto para la arbitrariedad se puede concebir semejante bodrio.

Y que decir de las economías de escala en el quehacer económico y cohesión social. ¿Se imaginan la estructura operativa de la U.E, por poner un ejemplo, si todas las regiones de la importancia - modesta, por cierto - de Cataluña se constituyen en naciones?.¿Recordamos que España entera es menor que California?. ¿Apreciamos que Alemania, otro ejemplo, está revisando a la baja las competencias de sus tradicionales länder?. ¿Han oído hablar de “minipaises” como USA, Rusia, China, India, Brasil..?

Consecuencias muy desfavorables se producirán – ya se están produciendo – en las oportunidades individuales, el tratamiento familiar, la unidad nacional de mercado, etc.etc. Espero que pronto podamos tener estudios serios sobre el coste – económico, social y moral – de la no-España.

Por todo eso, hay que decir con toda sinceridad y claridad que solo desde el cerrilismo nacionalista o desde el desorden conceptual del actual gobierno se puede pensar que soluciones a la catalana pueden ser viables en el mundo actual.

Por eso también sería de agradecer que los nacionalistas (todos) nos aliviasen de una vez de la congoja de tener que soportar la continua pesadez de sus singularidades, lamentos, remilgos y ensoñaciones. La sociedad ahorraría tiempo y energías en debates estérilmente anacrónicos, y se reducirían las oportunidades de enseñar a los discentes de los distintos territorios una historia tergiversada y engañosa.(Cosa que inevitablemente nos está ya complicando la vida)

La conclusión sobre el Estatuto a que necesariamente se llega es que se trata de un modelo políticamente perverso, porque:
-- conduce a la desmembración de España, rompiendo inevitablemente la constitución vigente
-- es inviable desde y para la historia, salvo mantenimiento artificial a cargo de costes formidables en todos los campos (económico, político, social )
-- es prácticamente inmanejable como pauta de gobernación, es sobre todo un protocolo para el voluntarismo y la arbitrariedad

El Estatuto de Cataluña – sobre el que todavía mantengo la esperanza de que no entre en vigor – es mas bien el antimodelo.

Si se me permite voy a terminar con un pequeño estrambote: a los políticos que participen en la carrera (el pueblo ya se ve que no participa) se les podría decir lo que aquel mendigo que se desvaneció, por llevar una semana sin comer, le espetó – abriendo un ojo – al estudiante de medicina que le diagnosticaba indigestión “... buena carrerica llevas maño....”.

Ciudadano – 15 de Julio de 2006






El estatuto , la carrerica ... y la liebre

Son materias compatibles, y por tanto no debe de extrañar que siendo cierto el caos político actual impulsado por el conglomerado social-nacionalista, sin embargo su línea directriz de actuación sea de una simplicidad meridiana. Este hecho, en cuanto permite prever los movimientos políticos inmediatos, facilitaría enormemente, si se aprovechase más, la tarea de la oposición

Un caso de más que fácil previsión era la carrerica que las distintas autonomías o, para ser exactos, buena parte de sus preclaros dirigentes políticos iban a emprender tras la estela del extravagante estatuto catalán gloriosamente aprobado por menos del 35% de la población consultada. ¿Se imaginan el resultado si el Gobierno – falaz como habitúa– no hubiera impedido la consulta al conjunto de los españoles que es la única población concernida y con poder de decisión?.

Para este tipo de políticos – voluntariosos como pocos, inasequibles al desaliento e incapaces de reflexión autocrítica y de sabia rectificación – esta aprobación es de temer que les sirva de acelerador de los procesos a veces ya emprendidos, en lugar de ser motivo de preocupación y cuidadosa atención.

Porque efectivamente – además del permanente incordio vasco - Andalucía, Galicia y alguna que otra autonomía más aunque con menos publicidad de momento, arrancaron sin esperar mayores averiguaciones hacia su diáfano objetivo de su propia “realidad nacional”.

Ya que las cosas están así, bueno será que – sin agotar el tema – vayamos pensando a que puede conducir esta carrera de alcance y emulación del Estatuto catalán que se convierte de este modo en una especie de liebre autonómica.

La primera cuestión a considerar es, sin duda alguna, la calidad del modelo en si mismo. Y para evaluarla convendrá – evitando casuísticas por rimbombantes que parezcan – atenerse a los rasgos definitorios fundamentales:
· lógica formal
· fundamento y perspectivas históricas
· idoneidad técnica

* No resulta fácil comprender cual pueda ser la lógica formal, la razón que inspira y anima la revisión del estatus autonómico de Cataluña que ha conducido al texto actual. Esta dificultad de comprensión es tan cierta y objetiva que alcanza como hoy sabemos a más del 65% de la población regional.

La única razón que se me alcanza ( y si hay otras agradeceré que se nos muestren por si hay que rectificar) sería – tratándose de un Estatuto de Autonomía – la necesidad intrínseca de alcanzar los márgenes de decisión político-administrativa suficientes que permitiesen optimizar el gobierno del territorio. Cotas, en todo caso, de poder delegado que necesariamente tendrían que inscribirse en el hecho incontrovertible y previo de la pertenencia de Cataluña a un ámbito de decisión superior - España – de la que es parte constituyente.

No van por ahí las cosas. En primer lugar porque – descontando acomodos técnicos – el Estatuto hasta ahora vigente satisface ampliamente ese supuesto de necesidad. Esto es más claro que el agua.

Por otra parte el contenido de la nueva normativa estatutaria (literal e intencionalmente) desvela muy claramente que los objetivos sustanciales son otros, tales como la diferenciación discriminatoria del resto de los territorios, españoles, la sublimación del localismo , la agresión a lo nacional, el trato paritario y – para facilitar el manejo – la grave limitación de derechos y libertades sociales fundamentales.

Si esto es así, y ojalá no lo fuera , se hace efectivamente difícil pensar que se pueda llegar a encontrar, como nos hubiera gustado, esa lógica formal que fuera el soporte justificativo de la que hubiera podido suponerse operación necesaria. Pero lo que leemos está bastante alejado no solo de lo necesario sino incluso de lo admisible. Es simplemente impresentable desde la perspectiva de la España total, sea plural o no lo sea.

Descubrimos así que la lógica interna que conduce mediante el desarrollo del estatuto a su resultado final no corresponde a un objetivo de gobernación del territorio formando parte integrada de España-nación, sino que - muy al contrario - el objetivo es la secesión de Cataluña como territorio independiente y soberano. Y esto es lo que fundamentalmente se persigue. Aunque sea a plazos, que por cierto serían pocos, cortos y onerosos si se llegase a cumplir la desiderata nacional-socialista.

En este momento, llegados a la situación en que nos encontramos y aún siendo una discusión de cierto atractivo intelectual, poco importa que el aseguramiento de un soñado poder soberano conduzca a la necesidad de crear una nación de la nada, como que partiendo de una nación supuestamente existente “a priori” se desarrollen los poderes que en ella se contendrían. Parece claro sin embargo que nos encontramos en este segundo supuesto en cuanto – aunque sea por la poco elegante vía del toma y daca – se define a Cataluña como nación en el preámbulo del texto.

Pues bien, este “a priori” es radicalmente falso y además todo el mundo lo sabe ( incluidos, estoy seguro, los nacionalistas). Lo que significa que el punto de partida se basa en la mentira.

* Sea como sea, la preocupación por este mágico y deslumbrante descubrimiento “nacional” nos lleva a considerar que interpretación, o mejor que consideración, se puede dar al Estatuto desde el punto de vista histórico.

El Estatuto catalán, es un caso impresionante de deslocalización histórica. Y lo es tanto desde el pasado como hacia el futuro. El tramo pasado está adobado además por la falacia, la tergiversación, y la inelegante monomanía nacionalista de apropiarse de lo ajeno. En cuanto a su visión de futuro está tarada por la miopía.

Cataluña no ha sido nunca una nación; en sus estadios políticos evolutivos fue parte de la Corona de Aragón ( de la que por cierto quiso separarse para unirse a Castilla en tiempos de Fernando el Católico) que tampoco y ni siquiera ésta lo fue como tal hasta que unida a Castilla se terminó de reconstruir Hispania. La España moderna y la primera nación de Europa[1]. Porque España – como parecen creer algunos socialistas – no empieza en el siglo XIX.

Pero si la idea de una nación histórica es simplemente falsa, su creación a futuro es ucrónica , imposible y como ya hemos visto innecesaria.

Alguien en sus cabales, ¿osaría decir que la aparición de una nación tipo estatuto- sea de Cataluña o de las autonomías que participen en la carrera – responde al signo de los tiempos?. Pero, ¡ qué nos están contando!.

Semejante despropósito, ¿es congruente con la línea directriz de la evolución político social de las diferentes comunidades humanas?. No es una conquista de progreso, por el contrario se trata de una patética involución regresiva en la marcha adelante de la humanidad, que socialmente va desde el individuo hasta la globalización pasando por muy variados tipos de comunidades intermedias siempre de integración creciente

Pero hay mucho más todavía. La sociedad del conocimiento y de la comunicación no permite trocear o desagregar ningún tipo de ámbitos de decisión, incluidos los que incumben a la soberanía nacional . Al contrario, se trata de integrar los existentes en niveles superiores.

Y sobre todo, se hace inviable guardar los valores básicos universales (los derechos individuales, la no discriminación, etc,etc,), en definitiva la libertad personal por la vía del nacionalismo identitario.

Finalmente es imposible porque sería el primer caso en la historia en que un territorio se desgajase sin un pronunciamiento – del tipo que fuere – de la nación entera. Y que no quepa duda que de alguna manera se hará. Algo, digo yo, tendrá que decir o hacer España antes de que se consume la secesión.

Se puede afirmar con total seguridad que el objetivo perseguido por el Estatuto catalán es un auténtico desatino histórico.

* Como parte del mal ya está hecho, es necesario seguir analizando el texto desde el punto de vista de su idoneidad técnica, es decir de su eficacia operativa. Varias cuestiones suscitan especial preocupación.

En primer lugar como consecuencia de un arranque en falso, su filosofía deriva obsesivamente a sentar criterios y disposiciones que – cayendo de forma reiterativa en la petición de principio – tratan de justificarlo (el arranque-nación) a posteriori. Y de ahí el despropósito (paridad Cataluña-España), la discriminación (catalanes – no catalanes, idioma), y al final totalitarismo (imposición de modelos , normas coercitivas ).

Es preciso reparar también, porque no es asunto menor, en su longitud ( 227 artículos) como muestra evidente de su minuciosidad casuística. Cualquiera que tenga un mínimo conocimiento o experiencia en tareas de dirección sabe que con un texto de estas características no se puede gobernar. No es formato ni de reglamento de tercer o cuarto nivel. Solo desde la ignorancia o, lo que es peor, del pretexto para la arbitrariedad se puede concebir semejante bodrio.

Y que decir de las economías de escala en el quehacer económico y cohesión social. ¿Se imaginan la estructura operativa de la U.E, por poner un ejemplo, si todas las regiones de la importancia - modesta, por cierto - de Cataluña se constituyen en naciones?.¿Recordamos que España entera es menor que California?. ¿Apreciamos que Alemania, otro ejemplo, está revisando a la baja las competencias de sus tradicionales länder?. ¿Han oído hablar de “minipaises” como USA, Rusia, China, India, Brasil..?

Consecuencias muy desfavorables se producirán – ya se están produciendo – en las oportunidades individuales, el tratamiento familiar, la unidad nacional de mercado, etc.etc. Espero que pronto podamos tener estudios serios sobre el coste – económico, social y moral – de la no-España.

Por todo eso, hay que decir con toda sinceridad y claridad que solo desde el cerrilismo nacionalista o desde el desorden conceptual del actual gobierno se puede pensar que soluciones a la catalana pueden ser viables en el mundo actual.

Por eso también sería de agradecer que los nacionalistas (todos) nos aliviasen de una vez de la congoja de tener que soportar la continua pesadez de sus singularidades, lamentos, remilgos y ensoñaciones. La sociedad ahorraría tiempo y energías en debates estérilmente anacrónicos, y se reducirían las oportunidades de enseñar a los discentes de los distintos territorios una historia tergiversada y engañosa.(Cosa que inevitablemente nos está ya complicando la vida)

La conclusión sobre el Estatuto a que necesariamente se llega es que se trata de un modelo políticamente perverso, porque:
n conduce a la desmembración de España, rompiendo inevitablemente la constitución vigente
n es inviable desde y para la historia, salvo mantenimiento artificial a cargo de costes formidables en todos los campos (económico, político, social )
n es prácticamente inmanejable como pauta de gobernación, es sobre todo un protocolo para el voluntarismo y la arbitrariedad



El Estatuto de Cataluña – sobre el que todavía mantengo la esperanza de que no entre en vigor – es mas bien el antimodelo.

Si se me permite voy a terminar con un pequeño estrambote: a los políticos que participen en la carrera (el pueblo ya se ve que no participa) se les podría decir lo que aquel mendigo que se desvaneció, por llevar una semana sin comer, le espetó – abriendo un ojo – al estudiante de medicina que le diagnosticaba indigestión “... buena carrerica llevas maño....”.

Ciudadano – 15 de Julio de 2006












[1]Un ejemplo entre millones. Releyendo Tirant lo Blanc (escrito en valenciano - 1433) encuentro referencias a reinos españoles, y siempre aparecen – y por este orden – Aragón, Castilla y Navarra.





5.22.2006

El Programa Mayo 2006


No me importan en este momento. Pero sé que existen. Me refiero a los mecanismos – modos y plazos – para llegar cuanto antes y sin perder ya mucho tiempo a la convocatoria de elecciones generales anticipadas. Su activación corresponde a quienes pueden y están obligados a hacerlo.

Lo que si me importa es el programa. El programa clarificador – preciso, inteligible – que la oposición consiga construir para exponerlo con sinceridad y objetividad a la consideración de los ciudadanos, a fin de que estén en situación de optar de forma consciente. Que puedan valorar lo que se juegan para ellos y para sus hijos.

La nota fundamental y característica del programa ha de ser la claridad. No estamos para andar con ambigüedades y entre paños calientes. Las cuestiones que están sobre el tapete son de las más importantes que se le pueden plantear a una nación, empezando por la del mantenimiento de su propia existencia.

En consecuencia las propuestas que se incorporen al programa deben de ser totalmente precisas y alejando al máximo el riesgo futuro de tergiversación y de interpretaciones muchas veces contradictorias respecto al concepto que en apariencia se recogía en su formulación . Y esta precisión lleva necesariamente aneja la comprensión cabal por parte del ciudadano corriente. Pero atención, no hay que confundir precisión con casuística. Son más bien incompatibles. La primera ilumina, la segunda difumina.

Por ello las propuestas deben ser – en contenido y expresión – perfectamente inteligibles. Abandónese por una vez el lenguaje intencionalmente confuso y críptico que previa distracción y mareo del personal conduce a dejar al político de turno las manos libre para obrar a su conveniencia en cada coyuntura.

Y junto a estas condiciones la de eficacia, y eso requiere que el programa sea corto y concreto. Si es así el votante aplica su juicio y atención a unas pocas e importantes cuestiones que puede valorar. Y es seguro que además se verá más motivado a participar.

Sobre estas bases ¿cuál debería ser en mi opinión el programa base de las deseadas próximas elecciones?


A mi entender hay campos cuyo tratamiento es ineludible en el crucial momento político que estamos viviendo:
a- Modificar la Constitución
b- Proteger la familia
c- Preservar la independencia de la justicia
d- Modificar la Ley electoral

a- En relación con la Constitución el programa debe de proponer:

1º .- la reforma de la Constitución para preservar todo riesgo de ataque o fractura de la unidad nacional lo que, entre otras disposiciones, requiere:

· suprimir la palabra nacionalidad y memeces similares
· redenominar español al castellano
· suprimir la disposición transitoria sobre Navarra
· establecer, explicitando su alcance, que el único ámbito de decisión es el que corresponde a la soberanía del pueblo español
· racionalizar – en sus fundamentos jurídicos, organizativos y en su instrumentación – la cesión de competencias del Estado a las Autonomías
· precisar el procedimiento de recuperación por el Estado del ejercicio de las competencias cedidas a las autonomías.
· Introducir las modificaciones conocidas respecto a la sucesión dinástica

2º.- suspender – hasta tanto la Constitución se reforme - toda renovación de estatutos de Autonomía y su eventual entrada en vigor

b .- En relación con la familia la propuesta recogerá

1º.- La supresión de la palabra y concepto de matrimonio para las uniones homosexuales.

2º.- El fortalecimiento del derecho de familia natural y su apoyo económico

3º.- La derogación de la LOE , y el reconocimiento explícito del derecho prioritario de los padres a la educación integral y religiosa de los hijos

c .- En relación con la Justicia

1º.- Establecer un Poder Judicial independiente y despolitizado de verdad

2º.- Asegurar la formación específica y rigurosa de los jueces

3º.- Preservar y asegurar en todo caso la total aplicación de la ley, especialmente en delitos de terrorismo

4º.- Proteger y asegurar la capacidad de actuación de la Justicia frente a instituciones o personas - incluyendo el Presidente del Gobierno - que conculquen el Estado de derecho o violenten la aplicación de las leyes .

5º.- Establecer claramente el tratamiento del delito de alta traición y perseguirlo.

d.- Ley Electoral

- Asegurar el peso político de los partidos acorde con su representación real
- Evitar que la política nacional esté condicionada por partidos minoritarios ( y además disgregadores)

Es más que probable que la opinión general ante semejantes propuestas oscile entre que son innecesarias porque no es para tanto el problema, o que son innecesarias porque todo – o casi todo – ya está previsto en el ordenamiento vigente.

Lo siento pero no es así. En el primer caso el problema es para eso y para bastante más. En el segundo todavía resulta peor, porque si las leyes ya existen y no se aplican, la situación está pidiendo a gritos que el pueblo soberano se pronuncie y mande a los políticos de forma contundente e inexcusable que actúen en consecuencia.

Que todo esto es difícil de llevar a cabo ya lo sabemos, pero más difícil parecía lo que el Gobierno está haciendo y está a punto de conseguirlo ante la pasividad inexplicable de casi toda la sociedad.

Si , a pesar de todo, los ciudadanos prefieren seguir por el camino de la degradación acelerada hacia el suicidio nacional, por lo menos que lo hagan conscientemente y no embaucados por un gobierno en vías de anestesiar hasta los más mínimos brotes de sentido común de la población.

Algunos al menos, con los escasos recursos que tenemos, habríamos intentado evitarlo.

Ciudadano –15 de Mayo de 2006


Carta

Con preocupación al ..........

Exmo. y Rvmo. Presidente Madrid 2 de Mayo de 2006
Conferencia Episcopal Española
C/ Añastro nº 1
28033 – Madrid

Monseñor:

Tengo 77 años, soy aragonés y – según expresión al uso – católico practicante.

Ante la grave situación sociopolítica de España - hecho evidente e indisimulable – muchos católicos entre los que me encuentro, necesitamos y pedimos una clara exposición de criterios y doctrina por parte de la Conferencia Episcopal.

La próxima consulta-referendum sobre el Estatuto de Cataluña es ocasión en sí misma apropiada y, al mismo tiempo inexcusable, para que oigamos esa exposición. El deseo de que así sea, créame Monseñor, no es fruto de un capricho personal o posición particular. Por el contrario es una exigencia intrínseca de la condición de fieles de la Iglesia que tienen derecho a saber ahora cual es la doctrina de la Iglesia en aspectos sustanciales, para poder valorar – con independencia personal – cual es la trascendencia social y moral de su conducta pública.

En el Estatuto de referencia se establecen, entre otras y para no extenderme más de lo imprescindible, normas que:

- coartan la libertad religiosa
- restringen el derecho prioritario de los padres a la educación de sus hijos
- autorizan el matrimonio entre homosexuales
- permiten la eutanasia y el aborto
- fomentan la discriminación económica según regiones
- controlan los sistemas de comunicación y limitan la libertad de expresión
- limitan las libertades personales

Si otras cuestiones de similar importancia o todo o parte de lo anterior es desgraciadamente cierto, lo que queremos saber los católicos españoles es muy sencillo:
1º Cuales son las cuestiones que el Estatuto propone que son contrarias a la doctrina católica.
2º Si para un católico y en razón a su fe es lícito votar sí en el repetido referendum .

Puede que esté equivocado, pero sinceramente pienso que si llega ese día sin que tengamos la iluminación que pedimos, la no actuación de la Conferencia será motivo de escándalo. Y éste sería más grave si el pronunciamiento definitivo de la Conferencia Catalana difiriera – aunque fuese en matices de oportunismo - del de la Española.

Agradeciendo su comprensión hacia la recta intención de esta carta, y con el mayor respeto reciba mi más atento saludo

Fdo. José Lostao Camón – DNI 17227423 D








4.14.2006

Elecciones, ya -----------

La impaciente e insensata desfachatez con la que el Presidente del Gobierno está manejando la política nacional exige, más que aconseja, una acción decidida y rápida para impedir el advenimiento de una situación del todo indeseable y que ya se dibuja nítidamente en el horizonte perceptible por cualquier observador con discernimiento propio.

Ninguna situación por compleja y desafortunada que sea es fatalmente irreversible. Pero esta esperanza a futuro lejano no debe en ningún caso ser pretexto para ralentizar la aplicación de remedios y, mucho menos, para justificar la inhibición.

Los hechos relevantes que en seguida destacaré, son de tal trascendencia, de tan perversas repercusiones a corto plazo, y de tan lenta y costosa reparación en el porvenir, que piden un esfuerzo inmediato para detener el proceso de degradación emprendido e impulsado desde el Gobierno con la colaboración de las fuerzas disgregadoras, tanto de las izquierdas anacrónicas y “republicanas” como de los parasitarios e intelectualmente desnortados nacionalistas.

Y ese esfuerzo hay que aplicarlo antes de que el proceso se consume y por ende se consoliden sus objetivos haciendo mucho más difícil su posterior corrección.

A mi juicio, coincidente con voces que ya se empiezan a oir, no existe otro mecanismo más adecuado y más acorde con el ordenamiento jurídico que la celebración de elecciones anticipadas. Ni tampoco existe otro remedio que sea más eficaz globalmente. Este es el esfuerzo que hay que aplicar: forzar elecciones ya.

¿Porqué?

No vamos a perder demasiado tiempo – para evitarnos irritaciones inútiles - en rebatir la presentación oficial falaz y embustera por parte del Gobierno de los hechos que justifican nuestra propuesta. Los ilustramos con los imprescindibles y tremendos ejemplos que fundamentan sobradamente nuestro punto de vista. Estos son algunos:




1º.- La sistemática vulneración del marco jurídico nacional y sus normas de actuación, como lo demuestran:
· el quebrantamiento clamoroso de la jornada de reflexión de las elecciones del 14-M-2004
· la utilización instrumental del poder legislativo supeditado a los intereses y propósitos gubernamentales, desde la política de medios de comunicación a la legislación energética pro-opa.
· La violación de la Constitución mediante la conculcación sistemática de sus principios y en especial los de unidad y soberanía. Añadiendo, para mayor escarnio, su modificación por vías absolutamente ilegales y antidemocráticas. Este hecho y sus consecuencias son de la máxima gravedad política.
· La claudicación ante el terrorismo etarra lo que significa la renuncia formal al uso de la legalidad y de la justicia y, por ello, el desmantelamiento por su base de todo el sistema de protección jurídica de la sociedad en general y del ciudadano particular.

2º.- La utilización permanente del sectarismo y la mentira como método operativo y argumental. Así:
· la invocación al laicismo para imponer “ a contrario” su propia doctrina, cuya exhibición más desvergonzada es la LOE como instrumento perfecto para conseguir la precariedad intelectual y generalizada de la población española.
· las alianzas políticas siempre con formaciones que demanden cambio de régimen, destrucción de la unidad nacional, tiendan a subvertir los valores clásicos de la sociedad española y siempre que sirvan para mantenerse el Gobierno en el poder. ¿Para qué?
· el desprecio de la opinión de millones de personas que visiblemente se han expresado públicamente en la calle. La libertad de expresión estaría secuestrada por el Gobierno y satélites. Sólo vale la suya, la de los demás es intolerancia o crispación aunque sea respuesta a sus ataques o simple discrepancia. Cinismo (rae) se llama a esa figura.
· El uso continuado de la mentira y la tergiversación en sus compromisos, declaraciones y en sus relaciones con la oposición. ¿Hay que recordar aquello de que, “España no merece un Gobierno que miente?



3º.- La destrucción nacional como único fin identificable, del que ansío vehementemente averiguar cuales puedan ser los motivos para hacerlo, y también cual es la alternativa mejoradora que proponen. Si es que son capaces de proponer alguna. He aquí algunas de las brillantes actuaciones de nuestro Gobierno en esa dirección:

· la aprobación esperpéntica del estatuto de Cataluña, que al menos ha tenido el aliciente intelectual de haber propuesto a la consideración ciudadana un nuevo misterio a contemplar, a saber: como una nación es/son a la vez dos naciones (y no se les cae la cara de vergüenza ).
· la aceleración – como consecuencia de lo anterior – del proceso de desintegración nacional apoyando la renovada embestida del irredentismo alocado del PNV.
A ello, por supuesto, seguirá una carrerita de las demás autonomías acogiéndose al “agravio comparativo”. ¡ Si pensasen en lo que importa!
· la ya reseñada claudicación indigna ante el terrorismo, que convierte un espantoso delito de sangre en argumento político destructor de la unidad nacional. ¿Educarán así a la ciudadanía?
· La ya clara intención de inmolar Navarra – uno de los pilares de la esencia española – en aras de la voracidad nacionalista.


Muchas más consideraciones podrían hacerse pero baste destacar alguna cuestiones que me han parecido sustanciales – en si mismas y en los frutos envenenados que pueden originar – para llegar a las siguientes conclusiones:

· España está dirigida por un Gobierno que ha hecho traición a su responsabilidad básica. No gobierna España sino que la destruye
· Las decisiones tomadas en esa indeseable dirección son de total responsabilidad del actual gobierno y de sus secuaces más o menos oscilantes.
· Las consecuencias de las decisiones tomadas son extremadamente graves y originaran de inmediato una cascada de nuevos problemas de muy difícil solución a futuro.
· La aplicación de los remedios, el primero de los cuales es la inmediata corrección de la deriva impulsada por el Gobierno Rodríguez, es urgente


· La determinación de los remedios a aplicar corresponde a la única soberanía nacional que existe y que no es otra que el pueblo español que debe de pronunciarse al efecto.
· Por ello y finalmente debe de procurarse por todos los medios lícitos forzar la celebración de nuevas elecciones generales ya

La oposición, las organizaciones cívicas y los medios de comunicación independientes del gobierno tienen la obligación ineludible y urgente de actuar para conseguirlas. Esperemos que lo hagan.

14 de Abril de 2006 ----- Ciudadano

4.07.2006

Con sentimiento al .......

Sr. Director de ABC 24 de Marzo de 2006

Madrid.


Señor:

Desde que en 1947 llegué a Madrid desde Zaragoza para estudiar ingeniería he sido lector de ABC. Entendí, con otros muchos, que su periódico desde una óptica de indudable raíz liberal, defendía unos principios claves en el ámbito socio-político, a saber : España como Nación y la Monarquía Constitucional como régimen.

Desde hace algún tiempo, coincidente curiosamente con la creación de Vocento, Vds. han ido perdiendo su identidad. Solo dos ejemplos :
- cuando la Nación española está a punto de ser despiezada de la forma más zafia de las imaginables, conculcando la legalidad , engañando a los ciudadanos en los hechos y sus consecuencias, y sin otra justificación que ceder a la voracidad nacionalista; Vds. han renunciado a una posición clara, y a una imprescindible, continua y contundente defensa de la unidad nacional.
- cuando la Monarquía está siendo sutilmente desprestigiada con fines perfectamente identificables – recuerden la celebración del último 23-F – Vds . minimizan o pasan por alto la cuestión, y tampoco la defienden como sería congruente con su línea tradicional

ABC está traicionando sus principios, defraudando a sus lectores y – lo que es más grave – inutilizando una herramienta de pensamiento que ahora sería, en su fidelidad, de valor incalculable.

Las resultados finales de comportamientos condescendientes, de elevado grado de indefinición y consecuentemente débiles, tal son los suyos actuales, serán conflictivos y preocupantes. Por ejemplo, ¿les parece un lance interesante poner al Rey en la tesitura de firmar una Ley que rompa España?.

Me atrevo a formular un ruego: que publiquen esta carta; y les comunico que, haciendo uso de la menguada capacidad de acción que nos queda a los ciudadanos corrientes, los ingresos de su periódico van a descender en 1€ diario.

Atentamente

Las raíces del caos político.-



La vertiginosa aceleración del desorden político desde que hace unos meses decidí exponer “un punto de vista” sobre determinadas cuestiones de rabiosa actualidad y – sobre todo – de tremenda trascendencia social, hace difícil elegir con acierto el tema que sea más oportuno tratar en cada momento.

Sin embargo, si el devenir de los acontecimientos se observa con alguna libertad de juicio, no es tan difícil descubrir que la mayor parte de los problemas importantes y concretos que actualmente estamos viviendo con acusada virulencia, surgen y se agravan por el hecho de que derivan de unos – muy pocos por otra parte – condicionamientos previos que sería absolutamente imprescindible identificar y desenmascarar como medio de controlar en origen sus efectos perturbadores. No hacerlo complica extraordinariamente el poder abordar los problemas con una argumentación sólidamente lógica y a través de un diálogo racional

Para contribuir a esa clarificación necesaria voy a intentar exponer un punto de vista de lo que, a mi juicio, constituye la raíz del caos político que está sufriendo España. Son tres los elementos condicionantes que lo provocan:

1ª El sectarismo de la izquierda gobernante.-
2ª La enfermiza voracidad nacionalista.
3ª El desprecio y la manipulación de la Constitución del 78

Bien es cierto que pertenecen a categorías distintas; los dos primeros corresponden al plano de las concepciones o mejor aplicaciones políticas, mientras que el tercero pertenece al campo de las oportunidades, entendiendo como tales la explotación de las indudables debilidades de la Constitución del 78 para conseguir los fines de los dos primeros

El sectarismo de la izquierda gobernante.-

Condiciona hoy la gobernación del país desde perspectivas distorsionadas, irreales y partidistas en el peor sentido de la palabra. Tanto la selección de objetivos prioritarios como su persecución vienen dañados en origen y acompañados de elevados riesgos de fracaso social que ya aparecen claramente en el horizonte.

· Y me refiero exactamente a la izquierda gobernante. Es decir a IU, ERC, grupúsculos de similar ideología y de forma especial – por mayor responsabilidad – a la facción del PSOE instalada en los gobiernos central o determinados periféricos. Y esta facción, en su actuación real, ni representa la doctrina histórica del partido, ni mucho menos es la expresión de los sentimientos naturales de buena parte de sus votantes.

Ciertamente a este núcleo – que arma un imponente poder político – se adhieren como compañeros de viaje otras formaciones de mucha menos relevancia nacional de la que en la práctica se les otorga – sean CIU o PNV - impulsadas por la búsqueda de oscilantes ventajas coyunturales en pro de sus propios fines. Simplemente parasitan el poder sin pudor.

Este conglomerado opera con un pasmoso desenfado tras sus propios objetivos a veces no fácilmente identificables , entre otras razones porque tienen buen cuidado de no explicitarlos o de presentarlos de forma equívoca.

· Su especialidad es confundir al personal. Y en este aspecto conviene no olvidar como se facilita la estrategia de la confusión cuando se añade a la ideológica y de propaganda la que podríamos llamar organizativa. En nuestro caso me refiero al PSC.
Creo que – a estas alturas – convendría saber si el PSC es PSOE o es otro partido.
Si es PSOE, ¿porqué manda en él siendo solo una parte? ¿porqué defiende que Cataluña es una nación, dejando a su partido nada menos que sin la E?
Si no es PSOE ¿porqué está en el mismo grupo parlamentario?¿porqué no explican claramente sus diferencias y situación para que los ciudadanos sepan a que atenerse?.

· A falta de explicación inteligible por parte de los actores y antes de perecer en una especie de devaneo permanente, resulta perfectamente lícito que hagamos un esfuerzo por descubrir cuales puedan ser los impulsos que subyacen en su acción política y que – de alguna manera – explicarían las iniciativas que tratan de sacar adelante, tan desconcertantes en principio y que tanto encajan en la siguiente clave interpretativa:

+ la obsesión antirreligiosa ( enseñanza de la religión, sistema educativo....)
+ el revanchismo guerracivilista ( reapertura de la división, recuperación de la “hemimemoria histórica” .....)
+ el desprecio de la verdad objetiva ( “la libertad nos hace verdaderos”, total relativismo – y oportunismo – para alcanzar los fines preestablecidos .....)
+ la instrumentación en provecho propio de la legalidad (manipulación del poder judicial, legislación instrumental, quebrantamientos de rangos y procedimientos,.....)
+ el déficit de sentido nacional (supeditado a intereses inmediatos y partidistas, tergiversación de conceptos, falta de fidelidad a España .....)
+ la injustificada pretensión de pureza democrática ( cuando solo lo son en la medida que se alejan de sus principios filosóficos y orígenes ideológicos)

De la aplicación de estos que podríamos llamar “criterios subyacentes “ en su quehacer político existen, como acabamos de apuntar, numerosas pruebas que analizaremos en el futuro. Porque además todo ello se pone al servicio de un desmedido deseo de conservar el poder.

En definitiva, y lo que interesa dejar sentado ahora. Si se buscan por el entorno de esa clave los “porques” de su actuación se comprenderá bastante bien el sesgo de las iniciativas de la izquierda gobernante y el clima social que producen. De las más que previsibles consecuencias finales ya hablaremos.


La enfermiza voracidad nacionalista.

Podemos estar seguros que sin el incordio nacionalista, la vida en España sería más sosegada, el horizonte de desenvolvimiento de las provincias afectadas más tranquilo y esperanzador, y nuestro futuro más ilusionante. Pero no es así.

No se me alcanzan – y creo que a muchísima gente le sucede lo mismo - cuales pueden ser las razones profundas y que pudieran dar lugar a alguna justificación o explicación al menos, del irresistible deseo que tienen las formaciones nacionalistas de deshacer España. Ni tampoco los motivos que puedan tener algunos de sus dirigentes para odiarla y, de paso, agredir a sus conciudadanos o vecinos con manifestaciones que van mucho más allá del desplante chulesco y no digamos de la más elemental educación para la convivencia civilizada. La verdad es que ya están hartando demasiado.

· Porque nadie en serio puede pensar que su apoyatura se funde en razones de doctrina política o en razones históricas.
En cuanto al separatismo vasco la doctrina de Arana es de tal inanidad intelectual y calibre moral tan bajo que ni el P.N.V. se atreve a difundirla; y en cuanto al nacionalismo catalán sinceramente creo que no existe, salvo que se pretenda – con una simpleza asombrosa – dar categoría de tal a una mezcla de expresiones huecas y lamentos victimistas un tanto penosos.
En cuanto a las razones históricas, eso son ya palabras mayores. Los nacionalistas son los virtuosos en la explotación de lo que más arriba llamaba las debilidades de la Constitución, que con toda seguridad y en buena medida fueron provocadas por ellos mismos.
Lo más curioso e impresionante por otra parte – además de la debilidad y anacronismo conceptual de sus doctrinas – es que las regiones sedicentemente llamadas nacionalidades históricas nunca lo han sido, y mucho menos naciones , título que estarían a punto de conseguir si se consuma la traición mantenida por el actual gobierno español.

Si – como corresponde a la interpretación objetiva de la historia – el concepto moderno de nación empieza en Europa con la España de los Reyes Católicos ( que le vamos a hacer, pero es así), las únicas nacionalidades – entendidas, haciendo un esfuerzo de buena voluntad en la única acepción positiva de la palabra, como la fase política previa que permitió dar el salto definitivo a nación - fueron Aragón y Castilla con el acompañamiento de Navarra. Por dar alguna referencia, recuerden, los nacionalistas vascos a sus predecesores rindiendo vasallaje a Fernando el Católico bajo el árbol de Guernica, y los nacionalistas catalanes su pertenencia a la Corona de Aragón.

Tampoco parece defendible en la evolución mundial que estamos viviendo (no se trata ya de prospectivas filosóficas) que sea compatible la tendencia a la globalización con movimientos disgregatorios y empequeñecedores como son los que impulsan nuestros corajudos nacionalistas.
Omito, por respeto a la inteligencia de los posibles lectores, cualquier justificación de esos movimientos a estas alturas de la historia como consecuencia de reacción a fenómenos transitorios incluida la guerra civil , el franquismo o el decreto de Nueva Planta de Felipe V.

Pues a pesar de todo ello, e indudablemente en el corto plazo (porque el largo lo tienen perdido), el nacionalismo es de una voracidad insaciable, yo diría que enfermiza. No tiene límite conocido. No sé que más hace falta para que el hombre de la calle en general se convenza de que cualquier tipo de concesión conduce a estimular la petición siguiente. Lo dice la experiencia (tanto da la versión vasca como la catalana), lo dicen sus proyectos de Estatuto con claridad meridiana, y lo dicen – con pasmosa sinceridad – sus dirigentes.

El propio Maragall – y se podrían poner mil y un ejemplos archiconocidos – se ha permitido decir el 27 de Enero de 2006 y antes de la tramitación del Estatuto, que si el tal documento se reforma una primera vez (por la actual) más fácil será hacerlo una segunda. Si cogemos el tema con humor habría que decir que la expresión tiene su miaja de chulería.

Y también a pesar de todo resulta curioso – e incomprensible si no fuera por la acción combinada de deformaciones mediáticas persistentes con la dejadez y cobardía civil generalizadas - que la insoportable pesadez de sus aburridas y egoístas pretensiones hayan llegado a crear un gravísimo problema político en España y aún más en que aparentemente se les distinga con especial capacidad de influencia, y que hasta haya atisbos de manifestaciones de inferioridad en otras regiones.


La única estrategia con el nacionalismo consiste en una contención clara y contundente de sus pretensiones apoyada en una exposición racionalmente impecable de los principios base de la constitución que no pueden ser agredidos ni mucho menos subvertidos. Y cuanto antes se haga mejor, no vaya a hacerse demasiado tarde si es que ya no lo es.


El desprecio y la manipulación de la Constitución del 78.-

Va a cumplir 30 años. Y está - muchas veces para mal - en el vértice de todas las referencias.¿Sigue sirviendo en la actualidad?, ¿es buena o mala?, ¿hay que cambiarla? ¿da satisfacción a las demandas “históricas” de las autonomías?. Estas y otra similares preguntas se están lanzando hace ya muchos meses a la opinión pública con el fin de precondicionarla a la aceptación de unos objetivos difusos y artificiales. Y lo que es más grave absolutamente injustificados y, por supuesto de necesidad no demostrada.
No parece que haya margen para la discrepancia si afirmamos con la rotundidad necesaria que la Constitución, en primer lugar, ha prestado un servicio inapreciable a la nación al instrumentar una sensata transición política de concordia y continuidad en reforma. Ha permitido, y puede seguir haciéndolo, llevar a cabo las políticas que el país ha necesitado y pueda necesitar, y aún algunas que no eran necesarias ni siquiera convenientes. Ningún objetivo político razonable se ha visto postergado por “insuficiencia constitucional”. Y si no fuese así, que se diga concretamente cual, porqué y que se demuestre. Yo, al menos, no he tenido conocimiento de ninguno.

No es lícito en absoluto invocar el paso del tiempo como motivo para modificar la Constitución en su sustancia. No hay ninguna razón para ello. El hacer uso de ese argumento es como mínimo una ligereza, y una muestra de la ausencia de otros válidos que pudieran existir. Es la tapadera para cubrir fines ilícitos.

La presentación de una necesidad de reforma constitucional por razones dinásticas ni urge, ni siquiera es imprescindible y , por supuesto no tiene nada que ver con el resto de las modificaciones que se nos han querido vender como necesarias y que son las que están perturbando la vida nacional.
El utilizar esta circunstancia como pretexto para introducir otras modificaciones de mucho más calado político e incluso histórico es indecoroso. Bien es cierto que últimamente los iconoclastas de la constitución parecen haber olvidado ésta u otras referencias mas o menos similares, al haber encontrado otros caminos para destrozarla, que si bien son absolutamente indignos son más eficaces para sus fines a los que, como mostraremos en su momento, supeditan cualquier vileza personal.

Sin embargo esa fundamental idoneidad constitucional no se consiguió – supongo que adrede o por debilidad – sin introducir en el texto algún concepto completamente desafortunado y que llevaba inherente el germen de la descomposición. Sirva como paradigma la palabra nacionalidad – vacía en si misma - que viene sirviendo de coartada a la falacia nacionalista.

En otros casos fue la elección desgraciada de términos inapropiados para designar el concepto que supuestamente se quería o debería haber recogido. Citaré, también como ejemplo, el hecho de designar como castellano al idioma nacional en lugar de español. Este despropósito ha facilitado sin duda la estúpida guerra de las lenguas.

También es preciso recordar la desfavorable repercusión que ha tenido – y en estos momentos de forma exasperada – en el desenvolvimiento de la lucha política ( legislación incluida ), la ambigüedad conceptual en la relación de poder entre el Estado y las autonomías, e incluso la deficiencia técnica, con la que se planteó y, sobre todo, se interpreta. Campo abonado éste y herramienta perversa para la manipulación que denunciamos.

Hay que ser conscientes – a todos los efectos de interpretación y corrección – que desgraciadamente errores como los que acabamos de recordar constituyen auténticas debilidades de la Constitución que vienen siendo magníficamente utilizadas por los depredadores de la misma . Es incomprensible la falta de visión histórica o de valentía de nuestros constitucionalistas que, muy al contrario de lo que está sucediendo, requeriría en los procesos de aplicación mucho más sentido común, mucha solidez intelectual y mucha honestidad de comportamientos.

Según lo que decimos, ¿ habría que cambiar la Constitución?. Si los tiempos fueran políticamente normales, si no se hubieran desorbitado las cosas, si no se hubiera descoyuntado hasta límites inverosímiles la lógica del raciocinio, quizá sería tiempo de introducir algún cambio que – vistas las consecuencias - corrigiera el germen destructor que innecesariamente se coló en la redacción del texto. Si no recuerdo mal, en la etapa constituyente hubo personas como Marías o Cela que desde un criterio independiente advirtieron de estos riesgos. Pero, no se les hizo caso.

Pero lo que resulta de todo punto incomprensible a cualquier mente medianamente amueblada, e intolerable desde la más elemental ética ciudadana es que sin causa real, con motivos mas que espurios, se trate de modificar la Constitución violentándola además con métodos ilegales y por la vía del engaño para intentar conducirnos no a un cambio de normativa funcional, ni siquiera a un cambio de modelo de Estado, sino para hacer añicos la sustancia de la nación.
La irracionalidad del procedimiento – por otra parte perfectamente antidemocrático - y la total ausencia de la virtud de la prudencia política ignorando las consecuencias de todo tipo en las que se va a incurrir, producen una preocupación y un desasosiego ciudadano que no se deben de ignorar ni minusvalorar.

Por lo tanto no existe ninguna necesidad urgente de modificar la Constitución. Es políticamente intolerable hacerlo – vía estatutaria por ejemplo - por un procedimiento de engaño, ilegal y antidemocrático. Para empezar lo único que hace falta – y no es poco – es lo que se conoce como lealtad constitucional y fidelidad a España .

Por eso decíamos al principio y mantenemos, que la manipulación de la constitución, el sectarismo gobernante y la voracidad nacionalista son los tres factores principales que hay que analizar y entender para impedir mediante una acción adecuada y enérgica la deriva nacional que hoy padecemos alimentada e impulsada – sin que entendamos porqué - por sus respectivos instigadores y dirigentes y que conduce al riesgo cierto de destruir la nación. Son las raíces del caos




Ciudadano ---- Marzo 2006

1.08.2006

La Pascua.-

La intervención del General Mena con motivo de la Pascua Militar ha provocado inmediatas y – salvo excepciones o previsibles variaciones – casi coincidentes reacciones. Al menos en apariencia, porque en muchos casos la sinceridad no es la virtud más practicada y la “prudencia” por no decir el temor tiñe las plumas.

En esa inmediatez comento. Advirtiendo que no he conseguido conocer todavía el texto completo de la intervención. Pero algunos aspectos interesantes del tema o del primer debate abierto me impulsan a recoger mi reflexión.

1º.- Oportunidad de la intervención.-

Si se sitúa en el tiempo en que se produce y en pleno desconcierto territorial sobre el que luego insistiré, habría que admitir que este tipo de intervenciones se me antojan no solo oportunas sino necesarias. O, ¿sólo vale expresarse en una dirección?.

Si se la coloca en su propio marco de la Pascua Militar, no parece que haya otro mejor para que el Ejército exprese su pensamiento. Está en su ámbito y debe de tratar de los temas que le afectan y preocupan. Que le afectan porque la solución territorial que se adopte – como bien se ha expuesto – repercutirá en el funcionamiento de la institución. Y que le preocupen, porque si España como nación no le preocupa ¿de que otra cosa se va a preocupar?, o ¿para que queremos el Ejército?.

Todo esto no es hacer política, entendida como quehacer y responsabilidad de los elegidos, por mucho que estos señores se empeñen en dilatar su ámbito a dimensiones universales.

2º.- Relega al Rey a segundo plano.-

Esta idea – recogida de diversos medios de comunicación con distintos matices – se me antoja absolutamente injustificada.

En primer lugar porque hay una jerarquía de valores y rangos que colocan cada intervención en su justo lugar, salvo que a alguien le resulte divertido desquiciar las posiciones.

En segundo lugar y muy importante, porque – de lo que hoy se puede leer en los periódicos – no creo que nadie pueda deducir contraposición alguna entre las preocupaciones del General y los criterios del Rey. Enfrentar, por ejemplo, la evocación – una vez más – del Rey a que “..el respeto a las reglas, valores y principios de la Constitución nos ha permitido hacer de España una Nación democrática, unida, ..” con la referencia preocupada a que lo límites de la Constitución pudieran sobrepasarse que hace el General, es sencillamente malévolo. Por el contrario son perfectamente congruentes.

3º.- No respeta la Constitución.-

Si una persona se expresa respecto a la Constitución de principio a fin pidiendo que se respete y acogiéndose al literal de su contenido, se le podrá tildar de muchas cosas, pero nunca de no respetarla o desobedecerla. Me parece que son otros perfectamente identificables los que no la respetan.

Es literalmente asombroso y de una desfachatez difícilmente descriptible que individuos que están permanentemente trabajando por despiezar España y romper la Constitución, tengan la osadía de emitir sobre la actitud del General opiniones como las que hoy aparecen en la prensa y cualquiera puede comprobar. Evidentemente me refiero a Durán, Anasagasti, los ERC, etc.

4º.- La cuestión de fondo.-

Pero todo lo anterior y lo que en el futuro inmediato se produzca de ese tenor alrededor de la ya famosa intervención Mena, es en realidad anecdótico e irrelevante. La cuestión importante es lo que hay en el fondo que, entre otras cosas, ha dado lugar a que se produzca la intervención de marras, también a otras menos sonadas y a las que, sin duda, seguirán si no se acomete en serio su resolución.

Y la cuestión bien conocida, el problema real es este:

· la irresponsabilidad política de nuestro Presidente de gobierno ha desencadenado – sin motivo ni necesidad – un proceso de revisión indefinida de modelo de estado que es incapaz de controlar.
· Los nacionalistas recalcitrantes y retrógrados, aprovechando la debilidad – numérica y sobre todo conceptual – del gobierno se enardecen ante la oportunidad de conseguir - ¿qué? – su utopía en la tierra, alimentando todo tipo de dislates e incongruencias.
· Y como triste corolario es de temer – muchos así lo sentimos – que o se pone pronto y claramente remedio a la situación , o no caben sino dos salidas y ninguna de ellas deseable:
+ o España deja de ser ya una nación ( ni Zapatero es capaz de inventar y hacer coexistir a la vez el ser y el no ser )
+ o se llega a un “acuerdo” que albergará tres componentes perversos:
++ incrementar el peaje económico del chantaje nacionalista ... lo que rompe la solidaridad
++ debilitar – todavía más – el poder del Estado ... lo que dificulta la gobernabilidad y disminuye nuestro peso internacional
++ continuar resbalando por la pendiente hacia la disgregación nacional .... que parece ser el fin perseguido por los “políticamente correctos”.


De los corifeos del espectáculo hablaremos otro día.



Ciudadano – Enero 2006